From the blog

Abraham Lincoln. El hombre que se hizo a sí mismo inmortal.

Abraham Lincoln, un niño explotado por su padre en su granja, en la que un día se prometió no parecerse a él. Un niño que perdió a su único hermano antes que naciera, que vio agonizar a su querida madre a los 9 años y ayudó a llevar la cruz a su tumba. Un niño que se aficionó a la lectura para renunciar a la rudeza de su vida, al estilo pueblerino y paleto con el que veía a su padre e iniciar su camino letrado hacia la transformación de sí mismo.

Abraham Lincoln, un adolescente de mirada perdida a la que solo su ambición de hacer historia le alumbraba un camino. Un joven enamorado que vivió de manera traumática la muerte de su amada. Triste, muy triste se sentía, el suicidio estaba presente en sus palabras rotas.

Abraham Lincoln, un joven autodidacta  que quiso escapar del mundo atrasado de donde procedía estudiando por su cuenta Derecho y Literatura y ascendiendo en la esfera política y social. Su matrimonio con la adinerada Mary le dio prestigio, pero no la felicidad conyugal. Tuvieron dos hijos. Ambos, siendo niños, murieron. Se cuenta que Abraham sumido en la más profunda de las tristezas, a veces, destapaba las lápidas para mirar sus rostros.

Abraham Lincoln, un hombre ambicioso que vio truncada su carrera política al oponerse a la guerra contra México y el expolio de sus territorios.  Un político atormentado  que a sus cuarenta años se sentía fracasado. Un hombre que se construyó a sí mismo, venciendo  la melancolía que lo sumía en su sombra. Un poeta que hizo del ballet de sus palabras de los mejores discursos de la historia.

Abraham Lincoln, un hombre justo que creía en la igualdad de los hombres, que detestaba el trato  abominable que los blancos hacían a sus semejantes negros.  Un  hombre a quien la esclavitud  le recordaba a su padre, al dolor de la indefensión y  el desgarre del desprecio. Un luchador incansable que a sus 45 años resurgió de sus cenizas e hizo suya la causa nacional de los derechos de los negros.

Abraham Lincoln, un presidente que se ganó el apodo de “padre” por su cercanía a la gente y de dictador por sus detractores.  Un hombre con honor que en la Guerra de Secesión no temió  ponerse sin armas, pero si con su habitual sombrero, junto a los jóvenes soldados en la primera línea del frente. Un presidente blanco que hizo la primera reverencia a un negro y que guardaba las amenazas de muerte en un cajón.

Abraham Lincoln, un hombre perspicaz  que supo aprovechar la coyuntura de su tiempo y cumplir su sueño de cambiar el devenir de la historia. Un presidente que anunció por primera vez el derecho de voto de los negros y pagó con su propia vida la lealtad a sus ideales.

El 15 de abril de 1865 se dirigió con su esposa Mary al teatro, dándole día libre a su guardaespaldas. Su asesino subió al palco presidencial y le disparó en la parte trasera de la cabeza.  Abraham Lincoln murió, como así la esperanza de cientos de soldados negros que lucharon por su libertad.

Abraham Lincoln representa la victoria de la razón sobre la sinrazón, de la sabiduría sobre la barbarie, del avance sobre la tradición, de la humanidad sobre la inconsciencia y la voluntad de hacerse a uno mismo y quedar para siempre en los anales de la historia.

Solo pronunciando su nombre vemos el poder que tienen  la justicia, la inteligencia, la sensibilidad y la voluntad  cuando se juntan en las mismas buenas manos.

 

Sara Molina Rojas

 

 

 

2 comments

  1. Un hombre que sabiendo de las amenazas de muerte que guardaba en su cajón le dio el día libre a su guardaespaldas. Habrá llegado a la conclusión de haber hecho lo suficiente y que ya podía llevar a cabo su suicidio poniendo fin a una vida dura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *