From the blog

¡Qué fácil es hablar en público y qué importancia le damos!

Resumen de sesiones de coaching a una directora de Recursos Humanos, que pasó de temerle a hablar en público a decirme ella misma «qué fácil es hablar en público y qué importancia le damos!

Indagación

Anónima: Tengo que hacer en tres semanas una presentación. Sólo pensarlo me crea ansiedad. ¿Por qué me genera tanto miedo hablar en público?

Coach: ¿Desde cuándo tienes este miedo?

Anónima: Desde siempre.

Coach: ¿Cuándo recuerdas tus primeros temores en este aspecto?

A: De pequeña me daba miedo salir a la pizarra con algunos profesores porque me hacían sentir tonta cuando me equivocaba. Con Don Esteban solía cruzar los dedos para que me saltara de la lista.

C: ¿Quién más te ha hecho sentir tonta cuando te equivocas?

A: Mi hermano tiene una gran habilidad para ello. Siempre cree que tiene la razón. No he entendido nunca por qué me descalificaba.

C: ¿Cree que su hermano tiene frustraciones?

A: Sí, muchas. De hecho, es muy inteligente pero, por circunstancias de la vida, no ha logrado realizarse.

C: ¿Y qué más te han hecho sentir cuando te equivocas?

A: Insegura, deficiente, mediocre. No sé, que no soy lo suficientemente buena.

C: ¿Crees que lo hicieron conscientemente para hacerte daño o inconscientemente desde su autoexigencia y/o frustraciones?

A: Sinceramente, creo que mi profesor lo hacía porque no sabía hacerlo de otra manera, o sea, inconscientemente. En el caso de mi hermano, supongo que tampoco me quería hacer daño, pero lo hacía. Si es verdad, que es una persona muy autoexigente. De ahí, que se frustre con facilidad. A mí también me pasa.

C: ¿Cómo es tu diálogo contigo misma cuando te equivocas?

A: Me digo todas esas cosas que me hacían sentir (mediocre,tonta,,) y me decían cuando me equivocaba y me reñían por ello.

C: ¿Crees que eres todas esas descalificaciones?

A: No, no lo creo. (Lo dice muy segura)

C: ¿Cómo te sigue afectando todo eso en tu trabajo?

A: Me tenso cuando tengo que hacer algo nuevo, como por ejemplo esta ponencia. Creo que no voy a dar la talla. Me da miedo no mostrar confianza y seguridad.

C: Hazme una lista de todas esas veces que, a pesar de tus miedos, sí has dado la talla.

A: La verdad, viéndolo enumerado por escrito genera un subidón a la autoestima.

C: ¿Qué emoción subyace al creer que no vas a dar la talla?

A: Vergüenza. (La vergüenza es la energía más baja, como refiere el doctor Hawkins, produce neurosis, miedo a la desaprobación y el rechazo, y produce falta de autoestima y enfermedad física)

C: Si antes me has dicho que no crees ser todas esos descalificativos que  dices cuando te equivocas, ¿qué te da vergüenza?

A: Las opiniones ajenas. Por tanto, me acabo de dar cuenta, que en el fondo creo ser todos esos descalificativos que me digo, si no… no me daría vergüenza equivocarme, ¿no? Creo que me puede el qué dirán de mí.

C: ¿Te gustaría controlar tú lo que piensen los demás?

A:¡ Claro que no! ¡Qué horror! Al menos que tengamos libertad de pensamiento  (Se ríe)

C: ¿Qué puedes y quieres controlar?

A: A mí misma: mis pensamientos y reacciones.

(Vivimos en la ilusión del control. Dejamos de hacer o tememos muchas cosas por ese miedo a no controlar la reacción ajena. Cuando entendemos que lo único que podemos controlar es a nosotros mismos, el foco lo ponemos en mejorar nosotros y desaparece la necesidad de control y, con ella, la ansiedad o esos miedos a no responder a las expectativas de los demás)

C: ¿Esas imágenes negativas que proyectas cuando te ves exponiendo son reales o fruto de tus miedos?

A: Es mi imaginación. Creo el peor de los escenarios posibles.

C: ¿Qué sería lo peor que podría pasar si se cumplen esos miedos?

A: Que me despidieran.

C: Piénsalo, ¿qué sería POSITIVO de que te despidieran?

A: No vería más a Sebastián. A veces, pagaría para no verle.  Siempre está de la mala hostia.  También, tendría durante un tiempo, tiempo.¡Qué alegría! Por otro lado, con mi experiencia no tendría problema para encontrar trabajo.

C: ¿Cómo te sientes?

A: Curiosamente, muy bien. Hasta me siento liberada.

C: ¿Quién serías sin todos esos pensamientos limitantes?

A: Una persona más segura de sí misma y menos cansada. Esos pensamiento me roban mucha energía, me desgastan, y quiero emplear ese poder o energía en algo útil.

C: ¿En qué concretamente?

A: En pensar a mi favor y no frenarme a la hora de tomar decisiones, e incluso arriesgar en mi profesión. Por ejemplo, a la hora de hacer esta presentación.

(En otro artículo trataré el aspecto de cómo entrenarse en pensamientos positivos)

Destrezas

C: Dime, ¿cuáles son tus competencias más preciadas que te puedan ayudar a tener seguridad en tu presentación?  (Conocer nuestras fortalezas reduce el estrés)

A: Soy buena planificadora y no se me da mal contar historias, pero en público es otra cosa.

C: ¿Qué cambia?

 A: Vuelvo a la vergüenza: hay  más posibilidades de que no estén de acuerdo conmigo. No quiero parecer tonta.

C: Quiero que digas en voz alta y pensando en ellos:» Don Esteban y (el nombre de tu hermano) no soy tonta si me equivoco. Cada vez que me equivoco soy más lista»

(Lo repite tres veces seguidas. La primera titubea, se siente estúpida; la tercera, lo grita a los cuatro vientos.)

A: ¡Uff! ¡Qué liberador!

C: ¿Qué es lo positivo de que no estén de acuerdo contigo? ¿No te hubiera gustado darle tu opinión, como acabas de hacer conmigo, a esas personas que te hacían sentir tonta?

A: Sí, me hubiese gustado decirle a don Esteban, que su metodología fría no estaba ayudando a que amásemos las matemática. Lo positivo de que no estén de acuerdo conmigo es que las críticas me hacen crecer, me retan a defender mi discurso y mejorarlo.

C: ¿Qué tipo de mentalidad crees que te quitará más tensión a la hora de exponer: la del arrogante que cree saberlo todo o la del eterno aprendiz?

A: La del eterno aprendiz. Si expongo pensando que soy un eterno aprendiz, me quito ese miedo aterrador a no saber algo. Eso sí,  defenderé con uñas y dientes los resultados de mi trabajo fruto de la experiencia y la investigación.

C: ¿Cómo le vas a sacar partido a tus competencias top?

A: Voy a introducir ejemplos de historias reales, para conectar emocionalmente con los oyentes, y he planificado un buen Powerpoint con poco texto. Odio las presentaciones con” diapositivas libro” como las llamo yo. Leyendo éstas, me ha pasado en más de una ocasión, que he perdido la atención de lo que dice el orador.

¿Una vez leí en un libro que era bueno mostrarse quieto  mientras se hace una presentación? ¿Tú qué opinas?

C: ¿Qué me aconsejarías tú a mí?

A: Creo que es mejor ser natural y auténtico.  El quieto, que se esté quieto; el dinámico, que se mueva. Creo que es bueno sentirse cómodo con el lenguaje corporal del cuerpo, no imitar a nadie. Me suelen gustar las dinámicas, aquellas en las que la vista se mueve siguiendo al comunicador y no pierdes la atención. Recuerdo asistir hace años a una de un experto que casi me quedo dormida: todo el tiempo en un punto fijo y con tono monótono. A día de hoy, no me acuerdo un pimiento de lo que dijo, solo de que fue un tostonazo.

 (El cerebro recuerda lo que te sorprende y/o lo que te toca la fibra emocional. En cambio,  lo monótono se olvida. Por eso, todos vosotros recordáis lo que estabais haciendo el día del atentado terrorista de las torres gemelas y no os acordáis de lo que hicisteis el cumpleaños del año pasado (no era nada especial), u, os acordáis de algo que os dijeron en concreto hace años y habéis olvidado lo que esa persona os dijo hace unos días)

C: Dime ahora, todos los motivos por los que vas a ser una crack en tu presentación.

A:

  •  Porque no estoy dispuesta a sentir, de nuevo, que soy tonta por el aprendizaje de equivocarme. De hecho, me ha ayudado mucho a tomar consciencia de dónde venía ese miedo para poder hacerle cara.
  • Porque no temo a que me despidan (es más fruto de mi imaginación).  Si sucediera, un nuevo horizonte se abre.
  • Porque no controlo ni me condiciona lo que opinen los demás, creo en mi propio criterio. Las críticas son bienvenidas, me ayudarán a mejorar mi argumento.
  • Porque no voy a estar pendiente de a dónde pongo las manos  o si me muevo o no, sino de trasmitir y que conecte el mensaje.
  • Porque sé que puedo hacerlo. Es mi autoexigencia la que me bloquea porque nunca está satisfecha, pero yo sí, y lo voy a demostrar.

C: ¡Hagamos un simulacro!

A: ¡A por ello!

Sara Molina Rojas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *