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Cuando el coyote atrapó al correcaminos

Durante toda su vida el coyote persiguió sin éxito al correcaminos. Estaba agobiado y desesperado. Se sentía mayor y un fracasado. Día tras día, se imaginó saboreando su deliciosa carne. Se obsesionó tanto con atraparlo que creyó que hasta que no lo consiguiera no podría ser feliz.

Después de probar mil y una estrategias, un día sentado en la sombra de un cactus, justo en el momento que estiró la pata para dormir una siesta, el correcaminos pasó por allí, no vio a su depredador;se tropezó quedando atrapado en las espinas del cactus de enfrente. De la manera más tonta, y sin planearlo, ocurrió lo que el coyote tanto había anhelado. No se lo podía creer. Ya no tenía que volver a ponerse nunca más el traje espacial. Empezó a saltar de la emoción y a salivar como nunca.

De inmediato, tan impaciente como entusiasmado se dispuso a probar el primer bocado. Para su enorme sorpresa,no le gustó su sabor. Decepcionado, enfadado y hambriento, tiró el pedazo y atrapó con la maña de un experto a un simple y común conejo de entre tantos que habitaban por allí. Esta vez, el animalillo, le supo a gloria.

2 comments

  1. Muchas veces lo más ansiado no es lo mejor, tenemos cosas mucho más cerca y no las vemos, esas cosas cercanas son aquellas que tenemos que disfrutar y apreciar.En la sencillez está el disfrute.Menos es mas

    1. Muy buena aportación, Soledad. A veces, idealizamos el querer conseguir algo a toda costa para ser felices y resulta que nos perdemos la vida de paso. Gracias

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