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La muerte de la muerte

Normalmente a la mujer en la historia se le ha presentado como una pecadora que trae el mal, la enfermedad, la muerte: Pandora, abriendo la caja y Eva, comiéndose la manzana. Ahora, es una mujer la que con sus encantos seduce a la muerte y consigue que ésta no pueda seguir haciendo su trabajo.

ACTO 1. SEDUCIENDO A LA MUERTE

 No temo tu nombre, a ti no me enfrento,

Me enfrento a la vida que no duerme.

Me enfrento a las noches que oscurecen.

No temo tu nombre, burlador del tiempo,

Caballero errante de antorcha encendida,

de llama vacilante, que inquieta a la vida.

No temo tu nombre, a ti no me enfrento

Me enfrento al  tiempo que me pliega,

que seca la savia de mi cuerpo etéreo.

¡Ven a mí, vampiro del tiempo, hedor de fuego!,

Ven y devora mi cuerpo sediento.

No temo tu nombre, a ti no me enfrento.

¡Ven a mí, suspiro de rosas negras!.

Ven y deshoja con tu afilado aliento

los ajados pétalos de mi boca.

¡Muere en mí, amante de espigas!

En este cuerpo pálido la savia rebrota de vida.

Acto 2. LA MUERTE SEDUCIDA

No me desafíes, vencerías a la muerte.

Vencerías al triste canto de la noche sin luna.

Vencerías al lobo hambriento que espanta y esperanza.

¡Qué importa si despierta este mensajero en llamas!

Fluida como el viento ansío tocarla.

Fundirme con las olas de su pecho de espuma blanca.

Navegar en la savia roja de los labios de su boca.

Convertir los lirios blancos de su cuerpo en amapolas.

Quemar su ausencia, arder de nuevo, en el fuego de su pelo.

¡Lasciva del infierno!¡Ven y fúndete con la eternidad!

¡Qué importa si estos labios no pueden besar!

¡Qué importa si este viejo lobo tu cuerpo no puede desgarrar!

La muerte ha sucumbido ¡La muerte!

Al ondulante fuego de espuma blanca de una mujer sin miedo.

Sara Molina Rojas

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