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El secreto de Andrés García. El director que elevó a toda una Compañía.

Natalia era nuestra Directora Comercial. Una  mujer alta, de aspecto imponente, muy segura de sí misma y con una sonrisa forzada permanente. Yo me había incorporado hacía unos años a la Compañía y estaba a punto de decir que me iba. No lo soportaba más.  Trabajar para ella, tanto para mí como para mis compañeros, era muy estresante. Nunca nos decía lo que hacíamos bien y por cada minúsculo error nos formaba una señora bronca.  A veces, incluso se enfadaba tanto que sus gritos los escuchaban más allá de la puerta de la oficina los propios clientes.

He visto en más de una ocasión a mis compañer@s llorar a escondidas por sus reacciones y palabras humillantes. Esa ira contenida hacia su nefasta actitud recurrente la descargué en la última reunión a solas con ella donde le dije lo que pensaba sobre su modo aplastante de liderar y como el equipo se bloqueaba y no daba lo mejor de si.  Su respuesta fue tajante: «Si no estás contenta, ya sabes donde está la puerta»

Nuestro Director General era casi inexistente y a pesar de que le habían llegado noticias de que se estaba produciendo esa tensión a solo dos puertas de su despacho, él confiaba mucho en Natalia, su experiencia y sus excelentes dotes comerciales. Cualquier queja directa sobre ella la solucionaba diciendo: “Gracias a su exigencia tenemos una gran cartera de clientes”

Imbuida en mi desesperanzadora  creencia de que allí nada cambiaría, la vida me dio su mejor lección. Es tan imprevisible que en un instante todo puede cambiar. Ese instante fue el 1 de febrero de 2017, concretamente, a  las 8,30 de la mañana justo cuando me estaba tomando un café en mi taza que dejo en la oficina con mi sello personal: la imagen de Metálica, mi grupo favorito. En cada sorbo que daba pensaba cómo comunicaría mi decisión de dejar  la empresa.  De repente, un” hola” vital y entusiasta interrumpió mi elucubración. Veo como un hombre de mediana edad con tejanos y chaqueta se acerca a mí.

– Buenos días, ¿eres  Amanda , verdad?

-Sí ¿Cómo lo sábes? –Le dije-

– Porque ya me he puesto al día de todo y sé que  te encanta Metálica.

– ¿Te incorporas a este departamento? -Le pregunté con ganas de que me dijera que sí.

-No. Soy Andrés García, el nuevo director- refirió mientras me estrechaba la mano-  Hace poco leí un artículo que decía que los que escuchan Rock y Heavy Metal suelen ser perfiles muy inteligentes.  Seguro que eres un crack.  Cualquier cosa que necesites, sabes donde encontrarme ¡Qué pases una buena jornada!

Estaba confusa, por mi experiencia, jamás hubiese pensado que ese señor fuese un Director General. Los había estigmatizado a tod@s como personas serias y distantes. No sabía si quiera que nuestro  antiguo director tuviese planes de irse a vivir al extranjero. Su trato tan cercano y positivo hizo que unos minutos me sintiera por primera vez como parte de esa empresa. En solo un  encuentro logró lo que en toda mi trayectoria en la empresa mi jefa directa no había conseguido: sentirme valorada. Era increíble como unas simples palabras de confianza y un tono de voz tan amistoso pudieron hacer que me plantease, en ese instante, querer permanecer allí. Por primera vez en mucho tiempo apareció en mi registro de estados de ánimo la palabra esperanza.

Al parecer, según decían, Andrés tenía poco experiencia como director pero desde el primer día mostró su interés por las personas.  Al poco tiempo  de trabajar allí, citó a mis compañeros y a mí, por separado, en su despacho.

-Hola, Amanda. El motivo de que estés aquí es porque quiero conocer a todo equipo, así que si no muestras ningún inconveniente te voy a hacer una serie de preguntas.  ¿Cómo te sientes en esta empresa? ¿Hay algo que me quieras contar para poder ayudarte?

– Bueno, la verdad es que estoy muy contenta con los compañeros y también porque el trabajo me pilla cerca de casa, pero hay algo con lo que estoy lidiando desde el primer día que está afectando a mi día a día, incluso personal. Natalia es una buena profesional pero no controla sus emociones. No soporto que me eche la bronca, porque incluso yo siempre que he trabajado bajo presión nunca he faltado el respeto a nadie. Para mí la educación es lo primero. Creo que se toma los fallos como algo personal.  Me siento mal porque al trabajar con temor a sus respuestas, siempre insatisfechas, no riendo todo lo que sé que podría. Estoy perdiendo  el interés de mejorar porque veo que no valora mi trabajo y dedicación. Ya incluso no sé si ella tiene razón cuando dice que soy un desastre, ¿pero todos vamos a ser un desastre?

– Gracias por tu sinceridad, Amanda.  Veo que es un tema recurrente en tu departamento.  ¿Cómo crees que puedes ayudar a mejorar esta situación?

-Ahora mismo no tengo respuesta a esa pregunta porque he intentado varias maneras para mejorar mi relación con Natalia, desde decirle lo que pienso con todas las consecuencias que ello me acarrea porque no acepta críticas constructivas,  a simplemente mostrarme sumisa y obedecer aunque esté segura que se está equivocando de proceder y  que luego nos echará la culpa de sus errores. En todas las repuestas me siento igual de impotente, porque nada cambia. No escucha la opinión de los demás.

– Gracias, Amanda. Lo solucionaremos. Cambiando de tercio, ¿podrías decirme cuáles son tus puntos fuertes y qué te apasiona?

– Me apasionan la venta y la comunicación tanto escrita como hablada. Me encanta leer sobre estrategias de persuasión, es decir, hablar para convencer, para conseguir que mis deseos sean también  los de los demás y anticiparme a las necesidades de las personas.  Creo que mis puntos fuertes son: Constancia, curiosidad y comunicación.

-¿A qué te gustaría aspirar en esta empresa?

-Me gustaría aspirar  a ser Directora de Redacción, aunque entiendo que no sigue el procedimiento lógico porque estoy en otro departamento y no tengo experiencia como redactora.

-¿Lo sabe Recursos Humanos?

-No, la verdad no me lo preguntaron en la entrevista porque no era el puesto solicitado y yo tampoco lo referí porque necesitaba este trabajo. Reconozco que podía haber hecho más. Sería un sueño hecho realidad.

Después de contestar a estas y otras preguntas, salí un poco confusa. Parecía una entrevista de RRHH pero con un verdadero interés hacia mis necesidades, con cuestiones que ni siquiera los seleccionadores del Departamento de Personal me hicieron en su día.

Andrés estuvo reunido varias veces en una semana con Natalia. En respuesta de mis propias  críticas y las de mis compañeros y por el talente comprensivo del director, esperábamos el momento en el que fuese despedida.

Eran las cuatro de la tarde de un viernes lluvioso. Un escenario tan gris a las afueras del enorme ventanal como  en la oficina con los truenos  de la siempre insatisfecha Directora Comercial. En medio de la tormenta, un rayo de luz abrió la puerta. Era Andrés para decirle a Natalia que estaba  Ana esperando ¿Ana? ¿Quién era Ana? Las especulaciones comenzaron a su salida. ¿Sería  la nueva directora? ¿Y para qué se la iban a presentar?

Ana, era una mujer  delgada, de estatura media, con coleta y muy sonriente. Era de esas personas que te gustaría conocer, acercarte y contagiarte de su buena onda. Desde la aparición recurrente de esa mujer misteriosa la actitud de Natalia empezó a cambiar en positivo.

Al cabo de unos meses, fuimos citados para una reunión con Andrés. Para nuestra sorpresa estaba Natalia en posición de dar un discurso, esta vez,  se mostraba más serena que de costumbre:

“Hoy es un día muy importante para todos nosotros. Quiero mostraros el nuevo funcionamiento de nuestro departamento,  una nueva pirámide de prioridades, en la que como podéis ver en la imagen, vosotros, y no el cliente, sois quienes estáis en la cúspide. Vosotros sois esta compañía. Vosotros sois la satisfacción de los clientes. Vosotros sois mis resultados y lo más importante mi día a día.Hoy quiero deciros lo arrepentida que me siento por mi comportamiento y lo orgullosa que estoy de trabajar con vosotros.

En estos últimos meses ha habido un gran cambio en mi vida, y todo gracias a Andrés. Hubiera podido optar por despedirme, pero como gran profesional que cree en las personas, se dio cuenta que necesitaba ayuda. Él sabe ver a las personas y vio una Natalia que sufría por un modo erróneo de pensar y ver la vida. Erróneo, porque no me estaba haciendo feliz y mi infelicidad la proyectaba en vosotros/as .Han sido meses duros de autodescubrimiento, de conocer y trabajar mi naturaleza perfeccionista con una gran profesional que la empresa, a través de Andrés, puso a mi disposición. En este tiempo he sido consciente del mal que estaba haciendo en mi vida en general, y a vosotros y vosotras en particular.

Os pido mil disculpas, de corazón, por el daño que os haya podido ocasionar y estoy segura que a partir de ahora habrá un nuevo comienzo para todos. Seremos un equipo más fuerte, más comprometido y lo más importante, más feliz. Al igual que hizo Andrés, me gustaría que creyerais en mí y me dierais la oportunidad de demostraros que creo en vuestros talentos.

Mi vida personal también se ha beneficiado de este gran trabajo que he hecho y sigo haciendo en mí, he vuelto a recuperar la comunicación con mi hijo a quien, por mi alta exigencia, no podía ver más allá de sus notas y resultados académicos perdiéndome de paso disfrutar de su maravillosa persona y de….»

Sus lágrimas en los ojos y un gran nudo en la garganta que le impidió continuar, despertó la conmoción entre todos. De manera espontánea la fuimos rodeando en un abrazo colectivo. Eran momentos de cambios positivos.

Se respiraba felicidad en la nueva atmósfera de ilusión. Éramos más compañeros/as que nunca y mirábamos a Natalia con los ojos de una mujer que ha podido superarse a sí misma y vencer sus sombras. Todo ello nos causaba admiración y, en poco tiempo, se ganó nuestro corazón. Había nacido una líder.

A los dos meses de aquella reunión que tuve personalmente  con Andrés, Recursos Humanos me llamaron para acceder a una entrevista para el puesto de redactora en el área de Comunicación.

Mi primer artículo lo dediqué a Natalia y su mejor logro: ella misma. Hoy, un año después dirijo esa sección.

Hay personas que tienen tanta bondad en su corazón que pueden transformar  con sus buenas acciones toda una compañía. La llegada de Andrés significó descubrir nuestro lado más humano, creer en nuestro talento y poder cumplir nuestros sueños. Como él siempre dice “Lo que ilumina al inmenso cielo son sus estrellas”.

Andrés García fue reconocido en varios medios por conseguir posicionar la empresa como una de las más fuertes y competitivas del sector.Cuando le preguntaron cuál era el secreto de su éxito dijo: “No existen  pócimas mágicas para hacer crecer una compañía, pero es mágico VER la transformación que puedes hacer en la vida de las personas cuando crees en sus talentos y haces que ellos también lo crean, y es apasionante también descubrir, como todo este potencial bien encauzado se convierte en óptimos resultados tangibles para la empresa. No hay secreto, hay personas que ver»

Gracias, Andrés

 

Sara Molina Rojas

 

Ilustración de Christine Ellger

 

 

 

 

 

 

 

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